miércoles, 14 de septiembre de 2011

Capítulo 1 - Sorpresa de cumpleaños

 La joven abrió sus ojos, de un bello color violeta. Antes de que pudiera darse cuenta de nada, sin embargo, sintió que algo le caminaba por encima. Estuvo a punto de gritar, pero recordó que no podía hacerlo aquella mañana. Sin embargo, susurró:
- ¡Liddell! Ya me estaba por levantar.
 El gato la miró con frialdad. Ella se incorporó, haciendo que cayera. Como respuesta, Liddell la miró con reproche y bufó levemente.
- Eso no hubiera pasado si te hubieras comportado - murmuró Drea con frialdad. Liddell se ofendió y se fue, y Drea empezó a vestirse. Sin embargo, dos minutos después, el felino volvía a la habitación, mirándola con severidad, como exigiéndole que se apurase.
- ¡Ya voy! - dijo ella, pero una mirada breve a la cama delató sus intenciones. El gato se dio cuenta de esto, y fue a tenderse sobre las sábanas, bien estirado, para impedir que Drea volviera a acostarse. Ella lo miró con desdén, y le dijo: - Está bien, vamos.
 Liddell, habiendo logrado su objetivo, bajó la escalera alegremente precediendo a la muchacha, aunque cuando llegaron al primer descanso dejó que fuera adelante, para asegurarse de que no volvía a su lecho. Llegaron a la cocina, luego de bajar las tres escaleras.
- Bueno... me vas a tener que ayudar - le dijo Drea a Liddell a media voz. Él le trajo el libro que buscaban, y señaló al tarro de harina.

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- ¡Finalmente terminé! Es decir, terminamos - se corrigió la joven, porque el gato había hecho un gestito de indignación, ya que él la ayudó. Habían pasado tres horas desde que estaban ahí, y la torta lucía espectacular. - Sólo nos falta añadir las decoraciones. Pero creo que será mejor si lo hago con la varita. - hizo un movimiento, y las chispitas formaron 'FELIZ CUMPLEAÑOS' en la cubierta. - Perfecto. Ahora, a llevarla.
  Liddell volvió a precederla, aunque esta vez para subir. Drea llevaba la torta levitando. Una vez llegaron al cuarto, ella le susurró '¡Ahora!', y el gato fue hacia la cama, donde una mujer dormía plácida y profundamente. Le rozó la nariz con la cola, haciendo que ésta despertara bruscamente
- ¡LIDDELL! - vociferó. - ¿¡QUÉ...!? - pero no fue capaz de completar la frase porque la pelusa de la cola del felino provocó que estornudara con violencia. Al abrir los ojos, sin embargo, no vio a su gato, si no una gran torta, con una taza de café, y a Drea medio oculta detrás de ella.
- Feliz cumpleaños, mami - dijo, un tanto intimidada porque no esperaba que reaccionara con tanta violencia a la caricia del gato. Ella, sin embargo, sonrió ampliamente, y le extendió las manos para abrazarla. 
- Muchas gracias, hija - dijo sonriente - pero no puedo comer esto. Estoy a dieta, y...
- Pero mamá, siempre estás a dieta, y no lo necesitas. Por una vez que alteres tu plan alimenticio... - dijo Drea en tono quejumbroso, ya que la repostería no era su fuerte y se había levantado a las seis de la mañana para hacerla.
- Está bien, de acuerdo. Pero espero que no creas que voy a comerme todo esto hoy...
- Claro que no. ¿Puedo ir a lo de Dia? - Dia era su mejor amiga; se conocían desde que sus madres estaban embarazadas
- Mmm... está bien - dijo Letizia, mirando a su hija. - Pero quiero que estés de vuelta para la hora del almuerzo. Va a venir el abuelo.
- ¡De acuerdo! - dijo Drea, y salió corriendo. Mientras Letizia miraba cómo bajaba por las escaleras, Liddell le alcanzó un objeto que había encontrado atrás de la torta, del lado opuesto al cual estaba su ama. Era una carta. Ella la tomó, y la abrió.

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