lunes, 19 de septiembre de 2011

Capítulo 3 - Skander

 La puerta se cerró con un fuerte golpe, sobresaltando al perro, que dormía plácidamente, pero antes de que terminara el sonido, el chico ya estaba tirado en su cama, cubriéndose la cara con las almohadas. Unos minutos más tarde, se dio vuelta y miró al techo, con una expresión calmada, que nadie hubiera creído que era de la misma persona que golpeó la puerta. 'No me fue tan mal, después de todo', pensó. Siempre se ponía nervioso cuando se trataba de ella, pero hoy por fin habían podido conversar un poco. Y quizás, en adelante le costaría menos hablar con ella...
- ¿No vas a bajar a cenar? - le preguntó un muchacho, muy parecido a él, aunque un tanto más bajo, desde el umbral de la puerta. No se había dado cuenta ni siquiera de que la habían abierto.
- ¡Leidran! ¿Qué...? - dijo Skander, absolutamente desconcertado. - Eh... sí, ahora bajo.
 Leidran le respondió con un gesto, y se fue. Skander todavía estaba aturdido. No se había dado cuenta que ya había anochecido, ni que había estado toda la tarde ahí, pensando en ella. Se levantó, acomodó la discografía de Thestralcore, su banda favorita, que se había desordenado un poco por el golpe, y bajó al comedor.
  Su madre estaba con su habitual cara de pocos amigos en la cabecera. Cuando vio que Skander venía a sentarse a la mesa, abrió la boca para darle una reprimenda por llegar tarde, pero su esposo la miró y ella decidió no decirle nada. Como todas las cenas en esa casa, hubiera sido muy silenciosa, si no fuera por los comentarios de Mordeuse. Mordeuse era la abuela de Risea, la madre de Skander y Leidran, y había vivido en Daerskai desde que se fundó, cuando ella tenía 13 años. Sin embargo, a pesar de ser viejísima, era jovial y amigable, tenía un gran sentido del humor y todos los que la conocían le tenían un gran aprecio.
- ¿Y cómo te fue hoy? - le preguntó a su bisnieto mayor.
- Eh... bien - contestó él, mirando su plato.
- Yo creería que más que bien, muchacho, volviste con una sonrisa radiante, y eso no pasa muy a menudo, ¿eh? - dijo, codeando a Leidran y riendo.
- Bueno, sí... me fue más que bien - admitió, sonrojándose levemente.
- Es obvio que fue a ver a esa chica de vuelta - le comentó Leidran maliciosamente a su bisabuela
- ¿Qué chica? - terció Risea
- ¡Leidran!
- Aquella a la que le dedica todas sus canciones... - continuó Leidran, haciendo caso omiso a la advertencia de su hermano mayor.
- ¡No sabía que compusieras, Skander! - dijo sorprendido Tarbec
- No, es que no...
- ¡Vamos, Skander! - Leidran parecía estar pasándoselo en grande - 'You're so beautiful, but you'll never be mine'.- canturreó con sorna.
- Sí, Leidran, prefiero componer sin hacerle daño a nadie que romper la escoba de mamá tratando de impresionar a un par de idiotas - dijo Skander levantándose, con voz llena de ira contenida, y, acto seguido, se marchó a toda prisa hacia su habitación.

 ¨

 No sabía por qué le avergonzaba tanto que su familia se enterara de que le gustaba una chica. Quizás porque había sido muy introvertido desde chiquito, y nunca había tenido un gran diálogo con sus padres. O posiblemente, porque siempre tuvo la impresión de que ella estaba más allá de su alcance.
- ¿Puedo pasar? - preguntó Mordeuse, asomándose por la puerta.
- Está bien - murmuró el chico.
 La señora se sentó en la silla del escritorio, y tuvo cuidado de no derribar el bajo que estaba apoyado contra ésta. Skander pensó que a su madre no le habría importado en absoluto lo que pudiera pasarle a su bajo.
- Lo lamento, querido. No quería causarte problemas. - dijo ella en voz baja, mirando al piso.
- Lo sé. No fue tu culpa.
- Pero si no hubiera hablado...
- Leidran es idiota, lo hubiera dicho así nadie hubiera dicho nada. Ya está, no te mortifiques más.
 Se hizo una pausa.
- Y, con esa chica... - empezó Mordeuse, pero se interrumpió cuando vio que Skander se mordía un labio y se sonrojaba. - No, no, no hace falta que me digas quién es. Pero, ¿te parece que hay oportunidades con ella?
 La mirada decepcionada de Skander dijo todo. Su bisabuela, sin embargo, le sonrió tiernamente, y sus ojos brillaron como si volviera a tener quince años.
- Voy a decirte una cosa, Skander. Yo creo que ella también te quiere. Y aunque no fuera así, dudo que tengas alguna dificultad en hacer que te quiera. Tengo 85 años, algo sé de la vida. No hay motivo por el cual tengas que perder la confianza, en nada. Y ahora debo volver a la cocina, seguro que tu madre ya está durmiendo y voy a poder tomar otra porción de postre sin que se dé cuenta.
 Skander se levantó de su cama, y sin mediar palabra, fue a darle un abrazo. Ella también lo abrazó, le sonrió, y se fue.

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 Mientras Mordeuse repetía su porción de tarta de mousse de chocolate, a escondidas de su nieta, alguien se bajaba de un barco en otro sector de la isla, dispuesto a tomar lo que había venido a buscar. Tenía el cabello color negro, pero como un negro desteñido, al igual que su barba, y en sus ojos azules se podía ver que no tenía escrúpulos. Sin embargo, estos detalles no importaban ya que no había nadie más en aquel lugar. Cerciorándose de que no hubiera nadie que pudiera complicar sus planes, se dirigió hacia su objetivo en el silencio de aquella noche de fines de mayo.

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